Maltrato a la Mujer en tiempos de Pandemia

8 meses ago
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“Llevo días intentando contactar con Marcela, es de las que más me preocupa, y la última llamada me la ha cortado, otras veces no responde, y en alguna ocasión me salta el “apagado o fuera de cobertura”. Las últimas veces lo intente desde mi teléfono personal. Y hoy por fin me ha devuelto la llamada.”
—Hola, ¿Sí?
—Andrea, del Servicio de Nacional de la Mujer.
—Ya, me lo imaginaba…Te agradezco la llamada, pero no te preocupes. Yo estoy bien, ¿sabes? Me porto bien y hago todo lo que me pide, casi no hablo por teléfono… Él está tranquilo, ahora ha bajado a comprar. Como me tiene aquí todo el día, no se mosquea, y voy tirando.
—Bueno, pero esto va a durar Marcela, acuérdate de todo lo que hablamos, si quieres podemos sacarte de ahí, tenemos una casa de acogida, lo sabes.
—No, no te preocupes, yo no tengo miedo, y ahora en esta situación no es plan. Están mis hijos, y además el tema económico. Mira, de momento vamos a dejarlo así, y no me llames, que a veces me revisa el teléfono. Si te necesito te llamo, de verdad. Y gracias.

Ahí me quedé, con mi angustia y con la suya, sobrecogida ante el terrible escenario que me había perfilado en la breve conversación.
Así cuando todo el mundo esperaba un repunte inmediato de asesinatos y agresiones de mayor o menor entidad, nos estamos topando con una realidad desconocida para una gran parte de la población: la capacidad de adaptación al medio que desarrollan las mujeres, su resiliencia. La gravedad de la situación las ha obligado a replantearse las prioridades, y desde luego ellas no lo son nunca, y menos ahora.


La salud, la situación económica, la familia, las personas mayores y dependientes se anteponen siempre a su bienestar. El confinamiento en un espacio reducido con pequeños corriendo por todos lados, se suman a la lista de grandes problemas de envergadura a solucionar.
La resignación con la que viven la situación es demoledora: no hay peligro, seremos sumisas, obedientes, indulgentes, no hablaremos con nadie y estaremos dispuestas a la complacencia. El resto, el aislamiento, viene de fuera. La tormenta perfecta para el machismo, para la violencia y para mantenerlas en claustro frente a la emergencia ha sido desactivada.
No es necesaria la violencia, sino mas bien psicológica, esto porque ellas en estos momentos no piensan en la separación, en la ruptura, al menos no la verbalizan. Ellos no se sienten amenazados, las tienen bajo vigilancia permanente, saben que no hay otro, que no hay nadie más, ni familia, ni amistades, ni compañeros de trabajo y relajan así la necesidad de control. A ver cómo y cuánto soportan en estas condiciones, esperemos que el aislamiento no sea demasiado largo, porque algunas no resistirán.

Daniela Caamaño Iturra
Conductora de “El Club de Lulú”
Tv El Central